10 años contigo.. sin saber que haría sin ti.

8-años-de-diferencia

Si he de describir a mi perra con un sentimiento, el más acertado sería AMISTAD, y si he de definir esa amistad en ella, me remitiría a una frase de Miguel de Cervantes;

“La buena y verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada”

Y así es la amistad que poseemos Karma y yo; cristalina, prístina, transparente, sin fisuras, sin pormenores, sin trabas ni misterios; yo la quiero y ella me quiere, nos respetamos, nos queremos. Amistad de la buena, de esa que es imposible que pueda obtener de un igual a mí, porque los humanos no estamos capacitados para albergar tamaña sinceridad y ausencia de egoísmo.
Karma ya es mayor, demasiado mayor para seguir haciendo lo que ha hecho durante casi toda su vida cuando ha podido ser; acompañarme en mis viajes. En este último, a pesar de haber sido un viaje más tranquilo, más pausado, más pendiente de ella, la realidad ha sido más fuerte que la ilusión; Karma ya no está para más trotes. Hace ya varios meses… bueno, miento, hace ya año y medio, que no me acompaña en mis caminatas diarias. Si he de ser sincero, a los pocos meses de que ya no me acompañaba, dejé de caminar. Ya no era lo mismo, así que cambié mis paseos por un gimnasio frio y demasiado humano para alguien que desea más la naturaleza que cuatro paredes de hormigón. Pero es lo que hay, y de la misma manera que Karma ha envejecido, yo también me hago mayor.

Algo me decía que Karma no haría más viajes a mi lado, así que decidí que la despedida fuera en el lugar que ambos más disfrutamos; en el Norte de España, donde los verdes son la ecuación constante de sus montañas y los sonidos de la naturaleza se entremezclan con las leyendas de las Xanas, los Cuelebrés y los Trasgus agasajadas por el sonido de una flauta o una gaita.

Hemos visitado los mismos páramos, los mismos caminos que hemos pisado tantas veces a lo largo de tus 10 años ya de vida Karma. Los has pisado con la misma fuerza y alegría, a pesar de que tu patita derecha anda escasa de dedos, el maldito cáncer intentó minimizarte, pero eres tan grande que pudiste con él, y tan solo tuviste que darle de diezmo alguna de tus falanges, tus tendones o tus huesos. Me trataron de loco por intentar salvarte, por pagar dinero por tu operación y tu tratamiento, sin darse cuenta que de quien hablaban era parte de mí, que tú no eres mi perra, tu eres mi conciencia, mi maestra, mi guía y mi camino… Que me importa que me critiquen si los que lo hacen nunca entenderán lo que significa nuestra amistad y cariño… Caminabas con certeza, pero al llegar a casa, por las mañanas no te podías levantar, me mirabas y con tus ojos, en tu idioma irracional me preguntabas -¿Qué me está pasando Julio?-, – ¿Por qué mis cuartos traseros no me levantan?-

Karma… ya eres viejecita, tú no eres consciente (bendita seas), pero tu cuerpo ya no acompaña a tu espíritu libre y henchido de energía vital… una cosa es lo que queremos hacer y otra lo que podemos hacer… Así que, a partir de hoy, te nombro guardiana imperial de mis terrenos personales, de mi casa y de mi coche, de mi tierra y de mi espacio, y renuevo por un tiempo ilimitado y de manera vitalicia (y más allá) de mi posesión más preciada, delicada, importante y necesaria; MI CORAZÓN.

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